jueves, 19 de marzo de 2026

A guardar los juguetes

No ha pasado ni la segunda semana y ya me hace falta estar a tu lado. Aún no sabes ni entiendes completamente por qué estamos separados. Eres parte de mí y no poder verte despertar me duele.

Algunas veces escucho entre tus palabras.

 — Lo siento.

Eso me destroza, porque sé que esta situación no es tu culpa; solo estoy haciendo lo posible por asegurar nuestro bienestar.

Recordar tus pasos, la casa inundada de tus risas, correr y hacer desorden... eso era lo que nos divertía. Me encantaba que, cuando entendías que los juegos terminaban, decías — A guardar los juguetes.

Ni siquiera creo ser yo tan ordenado. Al llegar de tu guardería, te quitas los zapatitos y los dejas alineados; me hace sentir orgulloso saber que te estás formando tan bien. Son estos detalles los que extraño: solo observar cómo creces y vas aprendiendo en el camino.

Contigo aprendí a distinguir realmente el tiempo. Te vi cuando naciste, te tuve entre mis brazos; no dormías si no te recargaba en mi pecho mientras te cantaba. Tan frágil, tan pequeña... y ahora casi no quieres que te cargue.

Vi cómo aprendías a sentarte, cómo te aferrabas a los bordes de la cuna para sostener tu cuerpecito. Te vi soltarte y aprender a caminar, cada logro una sonrisa. Aunque caías, no te rendiste; ahora corres con tu cabello ondulante, sin que nadie te sostenga.

Quizá que aprendieras a decir "lo siento" sea la palabra que más duele escuchar viniendo de ti.




lunes, 16 de marzo de 2026

Lejos de ti, soñando contigo

Buenas noches, he estado respondiendo para despedirme antes de dormir. 

Mencionarlo a través de una videollamada no es lo mismo que acariciar tu rostro y decirte cuanto te quiero, darte un beso en la frente, tocar suavemente tus mejillas y quedarme viéndote descansar.

Estar lejos de ti es lo que no me deja conciliar el sueño y me paso escroleando entre videos y anuncios en el celular. 

Te extraño.

Recuerdo como es que giras cuando duermes, cuando estiras los pies y te quitas las sabanas por que sientes calor, al sentir ese acto, evitando que te enfermes te cubro de nuevo, esa era una batalla que tuvimos cada noche.

Imagino tu llanto al no sentirme cerca.

Inconsciente entre sueños te aferras a mi cuello y eso es lo que me calmaba, al observarte encontraba la forma de poder dormir.

Quiero disculparme por no estar cerca, por no poder llegar a casa y abrazarte, tengo tantas ganas de ir a jugar contigo, pero el trabajo nos aleja.

Esto es un momento temporal, que espero poder arreglar para poder estar juntos, saldremos adelante para no perderme ningún momento a tu lado y poder sostener tu mano.

Se que la ultima vez que nos vimos, cuando te explicaba de la situación, intentaste disimular y no querías escuchar que nuevamente viajaría.

- ¡Mira mariposa!

Fueron tus palabras para que no dijera más palabras, pero estoy ansioso por poder descansar juntos, pronto estaré de vuelta, a tu lado.








martes, 13 de enero de 2026

Dame una respuesta

 Con el temor de que me digas que no,

déjame decirte, que estoy arrepentido de haberte dejado a un lado,
pensando que no importabas en mi vida.
Hoy me he dado cuenta de que formas parte de mí
y de que me gustaría compartir parte de mis días a tu lado.

Quiero verte.
Y si merezco una cachetada, la aceptaré,
con tal de que venga de tus manos,
de que roces mi piel y me dejes sentir, en ese contacto,
el calor de tu mano.

Sí, tengo temor de que me toques de esa forma,
y lo acepto, porque sería el castigo que me darías.
Te juro que lo asumiré.
Solo espero que me enseñes a quererte.

No me gustó nada que te mostraras indiferente conmigo.
Pensé que con la distancia mi amor por ti crecería,
que el tiempo fortalecería el deseo de estar a tu lado.
Pero tengo miedo:
miedo de que me digas que no,
miedo de que no vuelvas a escribirme
y me desarmes otra vez.

Me vuelves loco al pensar que te degradé de esa forma,
por eso te pido que me enseñes a quererte,
que tu indiferencia quede atrás.
Es cierto: no debí llamarte hipócrita,
porque el que lo fue, sin duda, fui yo.

Mi vida espera una respuesta,
mi ser te espera,
mi pensamiento quiere quererte
y tocar tus labios, porque los extraño.


Te extraño.

Dame solo una respuesta:
para callar de una vez
o para continuar y soñar con estar a tu lado,
aceptando que fui un cobarde al decir que no te quería.
Esa mentira me ha costado demasiado. 
No es verdad.

Quiero verte, necesito verte,
ansío esperarte, rodearte por la espalda
y no callar más.

Te quiero.
Te amo.
Te espero.
Y te siento.


Siento tu presencia en mis sueños,
porque en las noches solo ruego una llamada,
escuchar tu voz diciendo
que me quieres,
que me sigues queriendo,
que me extrañas.

Perdóname por decir todo esto,
pero extraño tu presencia.
Quiero verte y volver a decirte, mirándote a los ojos,
que me gusta la luz que irradian.

Espero que sonrías de nuevo para mí.
Te quiero.










martes, 30 de diciembre de 2025

Atardecer

Fue tan complicado ver el azul del cielo teñir su faz con la llegada del atardecer.

Pensé que aún te quedarías, sosteniendo mis manos y vería tu rostro observando el mar, las olas.

Con una mirada despreocupada, tus manos tocando mi cara.

Tal vez sea que no puedo contener las lágrimas por tu ausencia y, con esta penumbra, el frío de la brisa del mar me hará escapar y olvidar la promesa que te hice: quererte para toda la vida.

Nos perderemos los dos por la ausencia que me haces sentir.

Tal vez al alba te vuelva a encontrar, mas no será la misma emoción, los dos contemplando el atardecer consumiendo el azul del cielo, al lado del mar…



lunes, 29 de diciembre de 2025

Se apaga el mundo

 Y si fuera tan simple controlar las olas,

combinando un vestido azul a la orilla del mar.

Me quedo a observar, me siento a ver
cómo esta niña que desde hace tiempo he querido
no ha cambiado, pero tiene el cuerpo de una bella mujer.

Va llegando la noche,
este atardecer es hermoso solo porque el marco sostiene tu figura.
Los rayos del sol se tornan tenues,
me miras y poco a poco, con tu cercanía, se apagan las luces.

Solo me alumbran tus ojos.
Te pones de rodillas y acercas tu rostro.


“Te quiero”.

Se apaga todo el mundo
y la sensación recae sobre mis labios.

—Despierta, no me dejes sola ni un instante.




lunes, 22 de diciembre de 2025

No cambies

 Me gusta la actitud que tienes.

Es lo que mas me llamo la atención de ti.

Me recuerdas a como era yo cuando era más joven.

Me arrepiento de haber cambiado.

No me atreví a cambiar el reflejo que sentía.

Por ello decidí no enviarte aquella carta.

Hice que mis manos descansaran, para no enfrentarme ante una aprobación o rechazo.

Y es que no debes cambiar tu forma de ver las cosas, debes seguir siendo feliz.

No permitas que te cambien.

Mi corazón intuía que no debía ser yo, quien transformaría esa luz.




viernes, 19 de diciembre de 2025

Estoy contigo

Un suspiro tan simple, el que deja colmada en un instante la emoción de la razón.

Ya lo había perdido tiempo atrás, cuando se separó del recuerdo, aquellos besos.
Tan raro me siento ahora: ahogado, cambiando la idea de la soledad por el hecho de pensar que quizá sea mejor así. 

Estar solo.

—¿Qué piensas? ¿Tal vez ves en mí locura?

No tan lejana de los versos que una vez te entregaba y enmarcabas.

Pensarás, tan simple es la memoria, como estar caminando bajo un paraguas resguardándote del frío, tratando de evitar esa cortina de lluvia que se forma, sin dejarnos ver el rumbo que deberíamos seguir. 

Aun así, sabemos a dónde es que estamos destinados a terminar.

- Estás mojado.

- Así es, pero es mucho mas importante para mi que tú no lo estés.

Se sonroja.

Yo imagino como volver a casa diciendo que no necesito tu sombrilla. 

Pero, no siento el frío, estoy contigo.


jueves, 18 de diciembre de 2025

Incumpliendo una promesa

- Y entonces no lo sé. 

Me dijo tantas veces.

- Podrías perder la memoria y olvidar la situación. Prométeme que nunca escribirás de mí.

Agacha la cabeza entrando en conflicto con aquellas palabras.

- Hazme ese regalo.

- ¿Segura de ello?, en todo caso. ¿Qué importa? Maldita sea, después de todo ya no es necesario hacerlo.

¡Que sea una promesa!

Y que estoy haciendo ahora.

Explotar.

Necesito reventar. Estoy cansado de aguantar esta conmoción.

- Con eso frustras todo lo que sé hacer ¿lo sabías? Perdí la sonrisa. Para nada me gusta que te burles de mi.

Las palabras que te enamoran, me pides que las opaque, así que intentar para mi fluir, a ti no te gustan.

Entonces que debería hacer.

Lo siento.

En todo caso, pensé que me ayudarías a surgir y ahora me quieres hundir.

Borraré todo, ¿Está bien?

No debes preocuparte.

Mírame, ahora el que fueras importante quedo en la promesa que estoy por hacerte.

Mírame de frente a los ojos, no lo olvides.

Me mira con lagrimas en los ojos.

Te quise tanto sabes; hice todo esto en algún momento porque eras importante para mi y ahora de qué vale...

Como las lágrimas que se confunden con la lluvia se disipa y secará en algún momento.

No debes preocuparte. Lástima pequeña.

Solo una bofetada lega a mi mejilla.

- Idiota... ¿Por mi dejaras de escribir?

Con ojos de colera, pero con un pesar que hace evidente al contener las lagrimas.

La tomo delicadamente y la abrazo.

- Yo quiero que seas feliz, aunque me cueste el sufrir.

Es por eso que ahora solo podré decirle las cosas de frente.

- Perdóname si evito que mis manos plasmen lo que pienso de ti.

No volveré a escribir.

 



miércoles, 17 de diciembre de 2025

El contorno de tus ojos

- Y así vi pasar ante mis ojos mi pasado, pero como no llevaba lentes, perdí la oportunidad de hablarte.

- ¿Y cómo sabes que fui yo?

- Simplemente, porque recuerdo la sensación que dejas en mi ser cuando tus ojos se detienen a mirarme y en un pequeño escalofrío se inunda mi emoción, sin razón.

-¿Cómo estás tan seguro?

- Recuerdo el contorno de tus ojos, la delgada línea que separa el amanecer cuando me miras y la penumbra de la noche cuando los cierras. 
Y así me desvío del camino, buscándote.



lunes, 13 de octubre de 2025

La ventana

Hoy es un día especial.
Ella me habló y me dijo que nos encontraríamos en un restaurante cerca del parque El Olivo. Quería verme —dijo— para recordar algunas cosas del pasado.
Pensé que nada podría salir mal, que solo sería una charla, así que acepté. Después de todo, solo era hablar.

Antes de que llegara la hora, dudé. Quizá no debería ir. Las cosas del pasado ya pasaron y volver a recordarlas no sería saludable. Mejor olvidar.
Aun así, salí de casa. Vi el atardecer, cómo el sol se escondía mientras las luces de la ciudad comenzaban a encenderse.
La gente iba y venía por ambos lados, y yo seguí caminando. Crucé el parque central. Antes de subir la calle, estaba el lugar donde la encontraría.

La vi.


A través de la ventana que daba a la calle, el jardín del restaurante enmarcaba su figura. No recordaba todos sus rasgos, pero noté que no había cambiado mucho.

Seguía siendo tan hermosa como mi memoria la guardaba.

Me dispuse a entrar al local, pero alguien me detuvo del hombro.
Me giré. Era un amigo de hace años, y recordé que había sido su ex enamorado.

—¿En serio estás aquí? —dijo, con una mezcla de sorpresa y reproche.

No entendía nada. Cambié el gesto, confundido, intentando descifrar si era una coincidencia o algo más.
¿Nos había citado a ambos? ¿Por qué?

Volví la mirada a la ventana. Ella observaba el menú, sin notar lo que ocurría afuera.
La luz tenue del lugar la iluminaba como si el mundo quisiera señalar el sitio exacto donde estaba.

Sentí un tirón en la camiseta. Lo vi más cerca, con enojo en la mirada.

—Ella nunca será para ti —dijo, con la voz apagada, cargada de algo que no supe si era odio o dolor.

Antes de que pudiera responder, levantó el puño.

El golpe pasó rozando mi rostro, y por un instante sentí el viento helado cortarme la mejilla.
Todo se volvió lento. La luz del local, al otro lado del vidrio, titilaba sobre su silueta como si nada de esto ocurriera en el mismo mundo.

Lo empujé hacia atrás; perdió el equilibrio, y cuando intentó ponerse de pie, ya lo tenía tomado del cuello de la camisa.
Mis golpes no eran de rabia, sino de memoria.
Cada uno era una palabra que nunca pude decir.

—Lo sé... —dijo con dificultad, apenas levantando la vista—. Nunca pude hacer más que tú...

Lo solté. Cayó de rodillas, exhausto, mientras sus amigos lo sostenían.

Le tendí la mano. La tomó, lo ayudé a levantarse. No dijo nada más.
La gente nos miraba sin intervenir.
Yo, como quien suelta una carga pesada, lo vi alejarse con sus amigos, que lo escoltaban en silencio.

Luego busqué la ventana... pero ya no estaba allí.

Ella estaba en la puerta, mirándome.
En sus ojos había enojo, decepción.
Y entonces el viento volvió a soplar; la vi girarse y seguir el rumbo de quien se alejaba.

Fue tras él.
Y yo… yo no debí regresar a buscarla.
Las cosas nunca cambian.
Y yo ya no soy el de antes.