- Y entonces no lo sé.
Me dijo tantas veces.
- Podrías perder la memoria y olvidar la situación. Prométeme que nunca escribirás de mí.
Agacha la cabeza entrando en conflicto con aquellas palabras.
- Hazme ese regalo.
- ¿Segura de ello?, en todo caso. ¿Qué importa? Maldita sea, después de todo ya no es necesario hacerlo.
¡Que sea una promesa!
Y que estoy haciendo ahora.
Explotar.
Necesito reventar. Estoy cansado de aguantar esta conmoción.
- Con eso frustras todo lo que sé hacer ¿lo sabías? Perdí la sonrisa. Para nada me gusta que te burles de mi.
Las palabras que te enamoran, me pides que las opaque, así que intentar para mi fluir, a ti no te gustan.
Entonces que debería hacer.
Lo siento.
En todo caso, pensé que me ayudarías a surgir y ahora me quieres hundir.
Borraré todo, ¿Está bien?
No debes preocuparte.
Mírame, ahora el que fueras importante quedo en la promesa que estoy por hacerte.
Mírame de frente a los ojos, no lo olvides.
Me mira con lagrimas en los ojos.
Te quise tanto sabes; hice todo esto en algún momento porque eras importante para mi y ahora de qué vale...
Como las lágrimas que se confunden con la lluvia se disipa y secará en algún momento.
No debes preocuparte. Lástima pequeña.
Solo una bofetada lega a mi mejilla.
- Idiota... ¿Por mi dejaras de escribir?
Con ojos de colera, pero con un pesar que hace evidente al contener las lagrimas.
La tomo delicadamente y la abrazo.
- Yo quiero que seas feliz, aunque me cueste el sufrir.
Es por eso que ahora solo podré decirle las cosas de frente.
- Perdóname si evito que mis manos plasmen lo que pienso de ti.
No volveré a escribir.
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