Y si fuera tan simple controlar las olas,
combinando un vestido azul a la orilla del mar.
Me quedo a observar, me siento a ver
cómo esta niña que desde hace tiempo he querido
no ha cambiado, pero tiene el cuerpo de una bella mujer.
Va llegando la noche,
este atardecer es hermoso solo porque el marco sostiene tu figura.
Los rayos del sol se tornan tenues,
me miras y poco a poco, con tu cercanía, se apagan las luces.
Solo me alumbran tus ojos.
Te pones de rodillas y acercas tu rostro.
“Te quiero”.
Se apaga todo el mundo
y la sensación recae sobre mis labios.
—Despierta, no me dejes sola ni un instante.
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