Fue tan complicado ver el azul del cielo teñir su faz con la llegada del atardecer.
Pensé que aún te quedarías, sosteniendo mis manos y vería tu rostro observando el mar, las olas.
Nos perderemos los dos por la ausencia que me haces sentir.
Fue tan complicado ver el azul del cielo teñir su faz con la llegada del atardecer.
Pensé que aún te quedarías, sosteniendo mis manos y vería tu rostro observando el mar, las olas.
Nos perderemos los dos por la ausencia que me haces sentir.
Y si fuera tan simple controlar las olas,
combinando un vestido azul a la orilla del mar.
Me quedo a observar, me siento a ver
cómo esta niña que desde hace tiempo he querido
no ha cambiado, pero tiene el cuerpo de una bella mujer.
Va llegando la noche,
este atardecer es hermoso solo porque el marco sostiene tu figura.
Los rayos del sol se tornan tenues,
me miras y poco a poco, con tu cercanía, se apagan las luces.
Solo me alumbran tus ojos.
Te pones de rodillas y acercas tu rostro.
“Te quiero”.
Se apaga todo el mundo
y la sensación recae sobre mis labios.
—Despierta, no me dejes sola ni un instante.
Me gusta la actitud que tienes.
Es lo que mas me llamo la atención de ti.
Me recuerdas a como era yo cuando era más joven.
Me arrepiento de haber cambiado.
No me atreví a cambiar el reflejo que sentía.
Por ello decidí no enviarte aquella carta.
Hice que mis manos descansaran, para no enfrentarme ante una aprobación o rechazo.
Y es que no debes cambiar tu forma de ver las cosas, debes seguir siendo feliz.
No permitas que te cambien.
Mi corazón intuía que no debía ser yo, quien transformaría esa luz.
Un suspiro tan simple, el que deja colmada en un instante la emoción de la razón.
Ya lo había perdido tiempo atrás, cuando se separó del recuerdo, aquellos besos.
Tan raro me siento ahora: ahogado, cambiando la idea de la soledad por el hecho de pensar que quizá sea mejor así.
Estar solo.
—¿Qué piensas? ¿Tal vez ves en mí locura?
No tan lejana de los versos que una vez te entregaba y enmarcabas.
Pensarás, tan simple es la memoria, como estar caminando bajo un paraguas resguardándote del frío, tratando de evitar esa cortina de lluvia que se forma, sin dejarnos ver el rumbo que deberíamos seguir.
Aun así, sabemos a dónde es que estamos destinados a terminar.
- Estás mojado.
- Así es, pero es mucho mas importante para mi que tú no lo estés.
Se sonroja.
Yo imagino como volver a casa diciendo que no necesito tu sombrilla.
Pero, no siento el frío, estoy contigo.
- Y entonces no lo sé.
Me dijo tantas veces.
- Podrías perder la memoria y olvidar la situación. Prométeme que nunca escribirás de mí.
Agacha la cabeza entrando en conflicto con aquellas palabras.
- Hazme ese regalo.
- ¿Segura de ello?, en todo caso. ¿Qué importa? Maldita sea, después de todo ya no es necesario hacerlo.
¡Que sea una promesa!
Y que estoy haciendo ahora.
Explotar.
Necesito reventar. Estoy cansado de aguantar esta conmoción.
- Con eso frustras todo lo que sé hacer ¿lo sabías? Perdí la sonrisa. Para nada me gusta que te burles de mi.
Las palabras que te enamoran, me pides que las opaque, así que intentar para mi fluir, a ti no te gustan.
Entonces que debería hacer.
Lo siento.
En todo caso, pensé que me ayudarías a surgir y ahora me quieres hundir.
Borraré todo, ¿Está bien?
No debes preocuparte.
Mírame, ahora el que fueras importante quedo en la promesa que estoy por hacerte.
Mírame de frente a los ojos, no lo olvides.
Me mira con lagrimas en los ojos.
Te quise tanto sabes; hice todo esto en algún momento porque eras importante para mi y ahora de qué vale...
Como las lágrimas que se confunden con la lluvia se disipa y secará en algún momento.
No debes preocuparte. Lástima pequeña.
Solo una bofetada lega a mi mejilla.
- Idiota... ¿Por mi dejaras de escribir?
Con ojos de colera, pero con un pesar que hace evidente al contener las lagrimas.
La tomo delicadamente y la abrazo.
- Yo quiero que seas feliz, aunque me cueste el sufrir.
Es por eso que ahora solo podré decirle las cosas de frente.
- Perdóname si evito que mis manos plasmen lo que pienso de ti.
No volveré a escribir.